Boston, la banda de Rock & Roll

Recuerdo cuando tenía pocos años, sin edad aún para ir al colegio, que mi padre pinchaba en nuestro tocadiscos Vieta (que aún conservamos) algunos de los mejores discos de rock de los años 70.

De entre los cientos de vinilos de la colección de mi padre sacaba uno y me enseñaba la portada, y ahí empezaba la magia. Una vez sacó uno con la portada roja, con cuatro señores enjutos y con cara de palo vestidos con camisa y corbata finita, y dispuestos como en escalera; me gustaba tanto que le arreé un bocado, y mi pobre padre se quedó sin una de las canciones legendarias del tecno de los 70. Eso es devorar música y lo demás son tonterías.

Igual suerte corrió el "Trilogy" de Emerson, Lake & Palmer. La portada, con tres peludos de perfil, me daba repeluco del malo, y la tomé con él.

 "¡Entre tíos, que corra el aire!"

Mi "matrimonio" con el rock de los 70 comenzó con la ELO y su "A New World Record", con un inicio demoledor y una portada que decía "sí, chato, esto es un discazo". A partir de ahí dejé de usar los dientes y a usar las orejas con ellos. Rompí más agujas que el practicante de Jennifer López sólo con ese disco.

De todas las grabaciones que por aquel entonces mi padre descubrió para mí hubo una a la que no presté demasiada atención salvo a la carátula (a mí es que me ponen un cielo estrellado y lo que sea enmedio y me conquistan). Y a día de hoy, me mojo y digo que Boston es la mejor banda de rock & roll que ha habido nunca. Y ahora paso a justificar la machada.

La banda, el día que se presentaron para el casting de los anuncios del 11811

Guitarristas hay a cascoporro, pero Tom Scholz destacó por encima de casi todos ellos. No sólo por su virtuosismo en la técnica o su talento para componer algunos de los himnos más importantes del rock. Scholz, al igual que un par de lustros después hiciese Johnny Marr para el brit pop, puso de moda una forma de tocar la guitarra que ha influido a generaciones enteras de músicos y bandas tan dispares como Aerosmith, Asia, Dom Mariani, Survivor u Ocean Colour Scene. Curiosidad: no sólo no es manco el hombre, también es ingeniero por el MIT, ahí es nada...

Por otro lado, Boston puede presumir de haber contado con una de las voces más brillantes y reconocibles de la historia de la música popular, el malogrado Bradley Delp, cuyo estado depresivo le llevó a inhalar monóxido de carbono de su coche para quitarse la vida en el 2007. Con un registro imposible (de hecho, le costaba horrores mantener el nivel en un escenario durante mucho tiempo), Delp puso voz a temas como "More Than A Feeling" o "Don't Look Back".

Las canciones de Boston son el paradigma del rock & roll emergente en los años 80 que acabaría derivando en el heavy metal de toda la vida. Cambios de ritmo, estribillos pegadizos, solos de guitarra a los que se le acopla una segunda, coros que hacen levantarse al personal (todos ellos interpretados originariamente por Delp y mezclados en la maqueta, lo que causaba que en directo el efecto no fuese el mismo, aunque siguiesen sonando del copón); son elementos que brillan en las composiciones y que no pasaron desapercibidos para sus contemporáneos y seguidores.

Tras un silencio importante desde mediados de los 80 hasta los 90, la banda sorprendió con un disco, "Walk On", con el que presumían de emplear los mismos medios e instrumentos que en sus primeras grabaciones. Luego ya nada ha sido igual. Venidos a menos, y con la casi imposible sustitución de Delp.

Aunque a mí personalmente me da un poco igual, porque aquí seguirán sus primeros discos, joyas incorruptas que, algún día, mis hijos morderán o machacarán en mi pickup (si es que lo conservo), siguiendo las buenas costumbres que mi señor padre inculcó desde que era un moco.

Un saludo con paz mental.

2 comentarios: (Comenta)

José María dijo...

Nadie mejor que tú para hacer una entrada acerca de la historia de "Boston" y del rock de los años setenta en general.

Megrez dijo...

Se me ocurren muchos mejores que yo, por ejemplo, tú mismo o tito Joe. Lo que más me motivó a escribir esta entrada fue recordar cómo mis padres, cada uno en sus campos de interés, se dedicaron a forjar en un niño una sólida educación complementaria (ética y cultural) a la que ofrece el sistema educativo público. Por desgracia, como puedo ver casi a diario, todo esto se está perdiendo.

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